“Cuando
la sociedad sufre experimenta la necesidad de encontrar a alguien a quien imputar el mal y sobre el que vengar
su decepción”
Emile Durkheim (1858- 1917)
Emile Durkheim (1858- 1917)
Tenuemente podemos implicar
a otras personas en nuestra vida, probablemente el egoísmo que vivimos nos
cierra en una capsula de brillante aberración. Y esto es porque probablemente
no conocemos a la mitad de las personas con las que a diario convivimos, tanto
compañeros de trabajo como de clase, y aun así puede que a nuestra familia
tampoco la visualicemos completamente.
La homosexualidad es un
tema para personas de oídos “amplios y tradiciones pocas”, porque hay que dejar
de lado una educación de machos o de estrictas e irreprochables funciones que
por ser hombres no podemos hacer, y como mujeres tampoco.
“La otra familia” es un
revés al pensar social acerca de lo que es la convivencia entre personas del
mismo sexo y de como estas también están convencidas de que lo único que puede
movernos es el amor y el respeto en este mundo tan putrefacto.
Basados en ser sujetos
de facultades cognoscitivas vamos a entender algo simple: el hombre vale por el
simple hecho de ser hombre; y no por lo que tenga o lo que jamás pueda
alcanzar. Cuando el mundo pueda dar la bienvenida a los distintos tipos de
personas, habrá un cambio de conciencia fulminante y que aceptara tanto
pensares como preferencias.
Las personas cuyas
preferencias sexuales optan por su propio género, no son “desordenados” o
“depravados” como han sido catalogados en nuestro siglo, no son victimas
tampoco, en resumidas palabras son iguales a cualquier individuo de nuestra
sociedad.
Probablemente son
luchadores por la igualdad en un mundo corrompido, malintencionado; son
desertores de roles cualitativos que jamás se permitirían realizar.
Sin estar a favor de
ellos, puedo decir que hay que vernos como personas y nada más, como miembros
de un todo y como seres capaces de dar y recibir respeto, que es lo único que
nos sacará del bache en el que estamos sumergidos.
Es difícil, es difícil
cambiar y aceptar diferencias, pero debemos de tener claro que en un futuro no tan distante, serán más las personas
que miren con buenos ojos las diferencias, pues como ya lo cito William
Faulkner, “Vivir en cualquier parte del mundo hoy y estar en contra de las
ideas de igualdad, es como vivir en Alaska y estar en contra de la nieve.
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