martes, 6 de noviembre de 2012

Ensayo: La otra familia



  “Cuando la sociedad sufre experimenta la necesidad de encontrar a alguien a quien imputar el mal y sobre el que vengar su decepción”                                            
  Emile Durkheim (1858- 1917)

Tenuemente podemos implicar a otras personas en nuestra vida, probablemente el egoísmo que vivimos nos cierra en una capsula de brillante aberración. Y esto es porque probablemente no conocemos a la mitad de las personas con las que a diario convivimos, tanto compañeros de trabajo como de clase, y aun así puede que a nuestra familia tampoco la visualicemos completamente.

La homosexualidad es un tema para personas de oídos “amplios y tradiciones pocas”, porque hay que dejar de lado una educación de machos o de estrictas e irreprochables funciones que por ser hombres no podemos hacer, y como mujeres tampoco.

“La otra familia” es un revés al pensar social acerca de lo que es la convivencia entre personas del mismo sexo y de como estas también están convencidas de que lo único que puede movernos es el amor y el respeto en este mundo tan putrefacto.
Basados en ser sujetos de facultades cognoscitivas vamos a entender algo simple: el hombre vale por el simple hecho de ser hombre; y no por lo que tenga o lo que jamás pueda alcanzar. Cuando el mundo pueda dar la bienvenida a los distintos tipos de personas, habrá un cambio de conciencia fulminante y que aceptara tanto pensares como preferencias.

Las personas cuyas preferencias sexuales optan por su propio género, no son “desordenados” o “depravados” como han sido catalogados en nuestro siglo, no son victimas tampoco, en resumidas palabras son iguales a cualquier individuo de nuestra sociedad.
Probablemente son luchadores por la igualdad en un mundo corrompido, malintencionado; son desertores de roles cualitativos que jamás se permitirían realizar.
Sin estar a favor de ellos, puedo decir que hay que vernos como personas y nada más, como miembros de un todo y como seres capaces de dar y recibir respeto, que es lo único que nos sacará del bache en el que estamos sumergidos.

Es difícil, es difícil cambiar y aceptar diferencias, pero debemos de tener claro que en un  futuro no tan distante, serán más las personas que miren con buenos ojos las diferencias, pues como ya lo cito William Faulkner, “Vivir en cualquier parte del mundo hoy y estar en contra de las ideas de igualdad, es como vivir en Alaska y estar en contra de la nieve.

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